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 Patrimonio Arquitectonico
18 de mayo 2007
Desarrollo económico respetando la historia
Desde la Comisión de Patrimonio Urbano, el Arq. Lupiano expresa su opinión sobre dos ejemplos de recuperación del patrimonio cultural. Uno en la Ciudad de Ushuaia, otro en la Ciudad de Río Grande
Desarrollo económico pero respetando la historia

Escribe: arq. Leonardo LupianoUna nueva visión sobre proyectos comerciales, basada en aprovechar nuestro valioso patrimonio cultural. 

En los últimos años hemos abarcado un tema que consideramos importante señalar dado el tipo de crecimiento que está sufriendo la ciudad. Sin duda, desde diversas instituciones y organizaciones no gubernamentales, los vecinos hemos visto respaldado nuestro reclamo para que las autoridades traten de comprender que sólo cumpliendo las normas que ellas mismas juran respetar cuando ejercen sus responsabilidades, no se pierdan en la inacción o en la inoperancia al no asumir como propios los anhelos de la comunidad.

Podrán aprobarse nuevos códigos de planeamiento urbano pero si ellos no incorporan los deseos y necesidades de la población, solo derivarán en vacíos reglamentos no hechos propios por los ciudadanos y sólo pasarán a ser  pruebas de laboratorio que en todo caso, llenarán archivos de las bibliotecas  técnicas.
Una ciudad no puede crecer sobre las ruinas de su pasado, todo lo contrario. Correctamente se afirma “quien pierde los orígenes pierde la identidad”.

Este pasado conforma el contenido mismo que da sentido a la identidad, se relaciona con el hecho de formar parte de un grupo o una comunidad, se recuerdan y valoran las costumbres, las culturas. Si esto no se conserva, reina el olvido del espacio en que esas comunidades crecieron.

El caso de Ushuaia es paradigmático de la sinrazón, del desprecio de algunos sectores –pequeños en cantidad pero poderosos en lo político y económico- que bajo la excusa del “desarrollo y el progreso” pretenden cambiarnos la ciudad, avalan la demolición de edificios simbólicos y de espacios públicos característicos, llenando el casco histórico en torno al puerto de modernas construcciones que poco tienen que ver con la tradición arquitectónica regional.
Nos quitan lugares reconocidos, esquinas y calles que recorrieron nuestros abuelos y luego nosotros de niños y jóvenes, paseos donde podíamos contemplar la bahía, las montañas a lo lejos, casas con jardines o huertas en sus frentes, una costa cuya típica imagen nos llenó de fama en el mundo entero y que esos mismos turistas que bajan en legiones de los buses o de los barcos buscan infructuosamente entre un enjambre de máquinas que rellenan la bahía alejando la costanera de la gente, y viaductos de tránsito masivo sin siquiera sendas peatonales donde poder cruzar.

Un turismo que se ha transformado en “no sustentable” como tanto se había pregonado evitar desde la tribuna política, económica o académica. Vamos camino a una ciudad sin referencias histórico-culturales, llena de avenidas y rotondas pero vacías de humanidad urbanística.
Ante tanto atropello, surgen intentos individuales que a contramano de estas situaciones de la desidia o el desprecio del ayer, renuevan en nosotros ese espíritu de identidad. Me refiero específicamente a dos ejemplos de recuperación de edificios patrimoniales a partir del esfuerzo personal y económico de sus dueños o locatarios, demostrando que también puede concretarse un emprendimiento comercial a partir de la defensa del patrimonio que se posee, es decir, que este sea tomado como una ventaja y no como un problema. Una postura distinta y creativa frente a un monumento que sin duda puede tener un dueño, pero que también indirectamente le pertenece a la comunidad, si así lo consideramos como integrante del esfuerzo colectivo de generaciones precedentes que contribuyeron en sus tiempos al desarrollo.

 Dos hombres, un mismo objetivo.Se trata de dos antiguas construcciones, una en Río Grande y otra en Ushuaia. Coincidentemente ambos edificios albergaron almacenes de ramos generales. Como podemos imaginar, en las primeras décadas del siglo XX, la escasa población y las grandes distancias a los centros proveedores de mercaderías derivaron en la instalación de los denominados “almacenes”. Estos consistían en casas particulares o parte de ellas, o bien edificios enteros para tal fin donde se guardaban y vendían comestibles, pertrechos, materiales y tolo que pudiera conseguir traer hasta acá. Este tipo de comercio no sólo se desarrolló en Tierra del Fuego sino en todo el país, especialmente en pequeñas localidades o zonas rurales.

El almacén de don José Salomón, propiedad que adquirió en 1917 ubicada en Av. Maipú 737 fue destinada a comercio y vivienda familiar, tiene gran salón y algunas dependencias que dieron lugar a uno de los más importantes comercios de este tipo en Ushuaia, funcionando allí almacén, tienda, carpintería, bazar, venta de madera, también fue proveedor marítimo y abastecedor del presidio. Luego de su cierre, el inmueble sólo funcionó como depósito de uso familiar.

Pasaron muchos años y la actual propietaria, Cecilia Salomón, accedió al pedido formulado desde hacía un tiempo por un reconocido vecino, despachante de aduana y comerciante, Enrique Chasco, quién alquiló el mismo con la finalidad de recuperación y puesta en valor de tan importante patrimonio arquitectónico.

Recordemos que por allí pasaron los pioneros, se albergaron náufragos del Monte Cervantes, lo visitaron presos una vez liberados y quienes llegaban de los barcos. La tarea no fue fácil pues demandó un gran esfuerzo personal y económico por parte de su locatario, tarea que demandó más de un año “de domingo a domingo”.
Finalmente, el mediodía del 6 de octubre pasado, en un emocionante momento en presencia de integrantes de la familia Salomón,  antiguos pobladores y sus actuales titulares, el “almacén de ramos generales” y un local contiguo dedicado a la moda a cargo de Lilian, su mujer,  se reabrieron las puertas e inauguró este singular y elogiable emprendimiento.

Chasco afirmaba en ese momento: “Los trabajos parecían no tener fin, rasqueteando paredes y pisos, recuperando cada parte de la construcción en un trabajo artesanal que se realizó con un cariño especial. En momentos, venían a mi memoria historias de las que seguramente se vivieron bajo este techo, también se encontraron gran cantidad de documentos comerciales de la época… Creo que este esfuerzo trata de devolverle a la ciudad todo lo que me dio en estos 25 años cuando llegué aquí”. Hoy, luce restaurado y ambientado en la nostalgia pero sin descuidar las instalaciones que requiere un comercio en la actualidad. Vecinos y turistas se mezclan comprando el pan, las facturas o compartiendo historias y dando pie a la imaginación.
 

También en Río GrandeEn la margen sur del Río Grande, la creación del frigorífico en el año 1918 derivó en la explotación ganadera más importante de la región austral del continente y dio paso al nacimiento de la ciudad. Tuvo proyección internacional ya que su producción no sólo se nutría de la zona norte de la isla y Chile, sino que el tráfico abarcó nuestro país y exportaciones especialmente a  Inglaterra. El complejo incluía todas las dependencias necesarias y además muelle, barcos, un tren con recorrido de 14 km, escuela, enfermería, estafeta postal y viviendas.

En este sector, llamado Barrio CAP, se levantó un almacén o proveeduría pasando a desuso luego del cierre del frigorífico.
Hace 14 años, el empresario Pablo Lamura, oriundo de Bahía Blanca,  adquiere el edificio de la proveeduría. Un hecho trascendente lo decide a encarar su recuperación para uso comercial y turístico demostrando una clara visión de futuro en torno a esa valiosa zona de la ciudad. Hace unos días me comentaba: “Corría el año 1999 y me entero que el conjunto del frigorífico CAP había sido declarado monumento histórico nacional.

En eso momento me sentí muy emocionado. Me honraba la situación que había deparado el destino en torno esta propiedad de sencilla construcción y aspecto ante tal distinción. Comprendí que era el momento de materializar ese sueño para revitalizar el antiguo edificio, y luego darle algún uso acorde con el mismo. Pensé en una fábrica de chocolate casero que incluyera además la posibilidad que el cliente pudiera degustar los productos o tomar algo en esas dependencias. Fueron muchos los trabajos y detalles que tuvieron que tener en cuenta mis pocos pero eficientes carpinteros, pero como decía, el cariño con que se realizaron los trabajos están hoy a la vista. Espero pronto poder inaugurar el emprendimiento y con él, haber recuperado para la comunidad riograndense la antigua proveeduría del CAP”. 
Dos ciudades, dos sueños similares, dos hombres que no se conocen pero recorrieron el mismo camino. Para nosotros, la alegría de seguir en contacto con testimonios de nuestra historia, para ellos nuestra gratitud como vecinos. En un mundo que todo lo destruye, encontrar estos ejemplos nos da confianza en el futuro.


Imagen de muestra

Antigua proveeduría La Anónima del Barrio CAP, Rio Grande (foto arq.L Lupiano

Imagen de muestra

Vista actual del antiguo Almacen Salomón (foto arq. A. Gonzalez Paz)

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